Nacionales — 26.08.2026 —
Argentina tiene el mayor nivel de morosidad bancaria de América Latina
Un informe de la Federación Latinoamericana de Bancos ubicó al país con un 7,3% de su cartera bancaria en situación irregular, casi tres veces por encima del promedio de la región.
Argentina tiene el índice de morosidad bancaria más alto de América Latina, según un informe de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban) que comparó la situación del sistema financiero de 16 países de la región. En el primer trimestre de 2026, el 7,3% de los préstamos al sector privado se encontraba en situación irregular, muy por encima del promedio regional, que fue del 2,78%.
El dato adquiere mayor relevancia al compararlo con la profundidad del sistema financiero argentino. El crédito al sector privado representa apenas el 14,3% del PBI, el porcentaje más bajo entre los países analizados por Felaban y muy lejos del promedio latinoamericano, que alcanza el 47,3%.
La combinación de ambos indicadores expone una particularidad del mercado argentino: se presta relativamente poco, pero una proporción cada vez mayor de esos créditos presenta dificultades de pago. El relevamiento de Felaban contempla únicamente a la banca tradicional, que concentra cerca de dos tercios de los aproximadamente $14 billones en préstamos irregulares del país. El resto corresponde a fintech, tarjetas de comercios, cooperativas, mutuales y otros proveedores de financiamiento no bancario.
A nivel regional, la morosidad también mostró un deterioro. La cartera vencida de los bancos latinoamericanos alcanzó en marzo un saldo cercano a US$104.621 millones, un 10% más que en diciembre de 2025 y un 44% por encima del registro de un año atrás.
Sin embargo, la Argentina quedó claramente por encima del resto. Brasil registró una morosidad del 4,3% y Colombia del 3,7%, mientras que en el otro extremo se ubicaron República Dominicana (1,1%), El Salvador (1,4%) y Uruguay (1,7%).
El escenario se explica, en parte, por la histórica debilidad del crédito en la Argentina, vinculada a los períodos de alta inflación y pérdida del poder adquisitivo. Durante años, la escasa profundidad del sistema financiero funcionó incluso como un límite para la aparición de riesgos sistémicos: al existir un bajo nivel de préstamos, también era menor la exposición ante posibles incumplimientos.
La situación comenzó a modificarse durante los últimos dos años, a partir de la desaceleración de la inflación, la estabilidad cambiaria y una mayor disponibilidad de financiamiento. La recuperación del crédito privado fue, de hecho, uno de los factores que acompañó la fuerte recuperación de la actividad económica después de la caída provocada por la devaluación.
Pero ese proceso también derivó en un aumento de los incumplimientos. La cuestión tomó mayor relevancia en las últimas semanas, en medio del debate sobre el endeudamiento de las familias y el crecimiento de la morosidad. Mientras el Gobierno sostiene que se trata de un asunto entre privados y descarta intervenir, distintos analistas y sectores de la oposición plantean que el Banco Central debería involucrarse para atender la situación de los deudores.
El universo afectado es amplio: alrededor de 7 millones de argentinos mantienen actualmente deudas con entidades financieras, entre bancos, fintech y otros proveedores de crédito.
El informe también puso el foco en la capacidad de los bancos para absorber eventuales pérdidas. El indicador de cobertura —que mide las previsiones constituidas por las entidades frente a los créditos en mora— se ubicó en 164% en marzo de 2026, frente al 170% registrado un año antes.
En este punto, la Argentina también aparece entre los países con menor respaldo: su cobertura fue del 84%, por debajo del 100% y solo por encima de Panamá, que registró un 93%. En el otro extremo, República Dominicana alcanzó el 316%, Uruguay el 226% y Ecuador el 210%.
Así, el relevamiento de Felaban deja una fotografía particular del sistema financiero argentino: el país combina el mayor nivel de morosidad bancaria de la región con el menor volumen de crédito en relación con su economía, en un contexto donde el crecimiento del financiamiento durante los últimos años comenzó a mostrar también su contracara.







